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En la actividad número uno de este cuarta unidad se nos hace una pregunta directa: ¿Cómo corriges? Buena pregunta que, evidentemente, te invita a la reflexión. La respuesta natural es la que nos invita a esgrimir la justicia como primer principio y la igualdad, conjuntamente con el primero.
Pero ¿corregimos a todos los grupos y a todos los alumnos /as por igual? La respuesta es que no.
Lo primero, tenemos que tener presente es nuestra propia normativa, especialmente a todo aquello que tiene que ver con la atención a la diversidad. Esa atención hace que los objetivos, así como los criterios de evaluación e instrumentos para este tipo de alumnado que atendemos en el aula por tener unas necesidades educativas especiales (NEE), que pueden ser tanto por encima (Altas Capacidades) o por debajo sean distintos.
Por lo pronto, el sentido de la igualdad absoluta se desvanece ante la necesidad de atender a los alumnos/as como lo que son individuos, integrados en un grupo.
Salvando este importante matiz, lo cierto es que si me tuviese que identificar como riguroso / estricto en la evaluación o generoso, creo que, en este sentido, hay dos ámbitos diferenciados soy más riguroso con el trabajo, pero más generoso en la corrección.
Visto lo visto - y dicho lo dicho-, lo bueno de las pruebas PISA o PIRLS para la corrección es el marcado carácter objetivo de las mismas sobre todo si se tienen claras las referencias en la codificación que marca , a su vez, la corrección.
De todas maneras corregir no es fácil y, sobre todo, no suele ser gratificante. Al fin y al cabo, trabajamos con personas y, en ocasiones, nuestras pretensiones de ser justos e igualitarios con todos y todas, se quedan en una intención, o un “desiderátum”, pero siempre tendiendo hacia la justicia, si es que existe.
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